Qué escalas se utilizan para medir un ACV

En el caso de ocurrir un accidente cerebrovascular (ACV), en neurología se utilizan distintas escalas de evaluación clínica. Algunas de ellas para evaluar la gravedad del ACV y otras para predecir el pronóstico del paciente en cuanto a funcionalidad. Cada una se utiliza de acuerdo al escenario clínico donde se realiza la evaluación para determinar si presenta un ACV. Se diferencian principalmente en las funciones neurológicas que evalúan y el tiempo que toma realizarlas.

Escala de Cincinnati Prehospital Stroke Scale (CPSS)

Esta es una de las escalas que se puede utilizar en el área extrahospitalaria. Es fácil de aplicar pues se centra en tres signos faciales y motores clave con valor de un punto:

  • Observación de asimetría en cara
  • Presencia de debilidad de las extremidades
  • Capacidad para repetir una frase simple.

Una puntuación mayor a uno, indica una evaluación médica urgente.

Otras herramientas de tamizaje con las que cuenta el personal médico para evaluar la posibilidad de un ACV de forma extrahospitalaria son:

Escala de Los Ángeles Prehospital Stroke Screen (LAPSS)

Esta escala se centra en la identificación rápida de los signos y síntomas comunes de un ACV, lo que permite a los equipos de atención médica tomar decisiones rápidas y precisas sobre el tratamiento y el transporte del paciente a un centro médico adecuado para recibir atención especializada.

La LAPSS evalúa tres criterios principales:

  • Parálisis facial
  • Dificultad para hablar o entender
  • Déficit focal

Escala FAST (Face, Arm, Speech, Time). T

Fue desarrollada para ayudar a identificar a las personas que podrían estar experimentando un ACV y que requieren atención médica urgente. Esta escala se puede utilizar en entornos prehospitalarios, en la comunidad o en el hospital para evaluar a personas con posibles signos de ACV.

La Escala FAST se basa en cuatro componentes principales:

  • Face (Rostro)
  • Arm (Brazo)
  • Speech (Habla)
  • Time (Tiempo)

Una vez en el departamento de emergencias, se pueden aplicar otras escalas de evaluación clínica más detalladas. Dos ejemplos de ellas son

  • La Escala ROSIER (Recognition Of Stroke In the Emergency Room)
  • La Escala de NIHSS (National Institutes of Health Stroke Scale).

La principal diferencia entre estas dos es que la Escala Rosier además de los déficits neurológicos, toma en cuenta datos como la glucosa en sangre y si se presenció actividad convulsiva. 

Escala de NIHSS

No obstante, para el diagnóstico de un ACV y la elección del tratamiento, la más importante es la. Ésta evalúa 11 funciones neurológicas para determinar la gravedad del ACV. Incluye la exploración del nivel de consciencia o alerta, la fuerza facial y la fuerza y sensibilidad de las 4 extremidades, también la coordinación durante la marcha, alteraciones de la agudeza visual y el lenguaje. Cada función se califica de 0 a 4 puntos y, dependiendo la puntuación total, se determina la gravedad del cuadro, alcanzando desde 0 hasta 42 puntos en el caso más grave. También provee información para continuar el abordaje diagnóstico con estudios de neuroimagen, pues bajo la sospecha de un ACV, es necesario realizar un estudio de imagen cerebral. 

La Escala NIHSS evalúa múltiples aspectos del estado neurológico del paciente, incluyendo:

  • Nivel de conciencia: Se evalúa si el paciente está somnoliento, obnubilado o comatoso.
  • Respuesta motora: Se observa la capacidad del paciente para mover voluntariamente los brazos y las piernas.
  • Respuesta sensorial: Se evalúa la capacidad del paciente para responder a estímulos táctiles en las extremidades.
  • Lenguaje: Se evalúa la capacidad del paciente para hablar y comprender el lenguaje.
  • Campo visual: Se verifica la presencia de defectos en el campo visual.
  • Movimientos oculares: Se evalúan los movimientos de los ojos para detectar anomalías.

Dependiendo de la clínica u hospital, puede estar a disponibilidad una tomografía computarizada o la resonancia magnética, cada una con sus fortalezas y limitaciones.

Aún así, contamos con diferentes instrumentos para que, con los datos obtenidos, se pueda establecer definitivamente el diagnóstico de accidente cerebrovascular, ya sea isquémico o hemorrágico.

En el caso del primero, se entiende que existe un falta de irrigación sanguínea, el segundo indica un sangrado intracerebral. De acuerdo a los hallazgos, se pueden utilizar escalas como la de Hunt y Hess y la Escala de Fisher, todas ellas para describir la gravedad de una hemorragia subaracnoidea.

Por otro lado, para determinar la gravedad de un infarto cerebral isquémico por un estudio de neuroimagen, se puede utilizar la Escala de Alberta Stroke Program Early CT Score (ASPECTS). En conjunto con la información clínica obtenida anteriormente, se determinará el tratamiento más apropiado.

Finalmente, para evaluar el grado de dependencia funcional después de un ACV, contamos con instrumentos de evaluación clínica como:

  • La Escala de Rankin Modificada (mRS)
  • La Escala de Barthel.

La primera es una herramienta simple y fácil de usar, que se ha convertido en la medida más utilizada de los ensayos clínicos de ACV. Incluye seis categorías que van desde cero secuelas posterior al evento, pasando por diferentes grados de discapacidad hasta la última categoría donde se considera el fallecimiento del paciente. 

Aunque la mRS es la escala más utilizada para categorizar las secuelas de un ACV, la escala de Barthel ofrece algunas ventajas sobre ésta para dar detalles de la dependencia del paciente en actividades específicas de la vida diaria. Por mencionar algunas de las que se evalúan: alimentación, uso del retrete e incontinencia, capacidad de bañarse y arreglarse a sí mismo, movilidad y deambulación. 

Como mencionamos, las escalas neurológicas son herramientas valiosas para el diagnóstico de un ACV dentro y fuera del hospital y también nos ayudan a determinar la gravedad de sus secuelas y el grado de dependencia que resulta de este evento. Cada una tiene sus propias fortalezas y limitaciones, por lo que es importante elegir la más adecuada según la situación particular de cada paciente. Por lo tanto, es importante que los profesionales de la salud estén familiarizados con ellas. 

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