Utilidad de la escala Braden en Neurorehabilitación

Las lesiones por presión representan una preocupación significativa en pacientes que viven con condiciones neurológicas que provocan movilidad reducida. Su aparición puede tener consecuencias devastadoras para la salud. Estas lesiones, también conocidas como úlceras por presión, resultan de la presión prolongada sobre la piel, especialmente en áreas con prominencias óseas. 

La neurorehabilitación tiene un papel fundamental en la prevención de lesiones por presión porque implementa programas de ejercicio personalizados y técnicas de movilización, por lo tanto, mejora la funcionalidad y promueve cambios posturales. Dentro de la evaluación clínica se utilizan escalas de valoración del riesgo de lesiones por presión.

Evaluación del riesgo

La escala de Braden es una herramienta que determina el riesgo de lesiones por presión. Consiste en 6 subescalas que se puntúan del 1-4 o del 1-3. Detecta factores de riesgo que promueven el desarrollo de lesiones por presión, por lo que a menor puntaje total y en las subescalas, más alto riesgo.

A continuación una breve descripción de sus componentes: 

  • Percepción sensorial: 

Evalúa el estado de alerta del paciente y su capacidad para reaccionar ante una molestia relacionada con la presión.

  • Humedad: 

Evalúa el nivel de exposición de la piel a la humedad.

  • Nivel de actividad física: 

Evalúa la capacidad del paciente para movilizarse fuera de cama.

  • Estado nutricional: 

Valora el patrón usual de la ingesta y calidad nutricional de los alimentos.

  • Fricción / cizallamiento: 

La única subescala con puntaje del 1-3 y describe el nivel de asistencia necesario para la movilización del paciente y su capacidad para evitar el arrastre sobre una superficie.

Otras escalas comúnmente utilizadas para identificar pacientes con alto riesgo son la Escala de Norton y el Score de Waterlow. Sin importar la escala utilizada, es importante la evaluación del riesgo de lesiones por presión.

Prevención de las lesiones por presión

Es primordial que al detectar un alto riesgo por medio de la escala de Braden, se implementen medidas preventivas. Aquí se enlistan algunas de ellas:

  • Movilización y terapia física

Rotación del paciente cada dos o horas o según las necesidades individuales para aliviar la presión sobre áreas corporales específicas.

  • Uso de dispositivos de alivio de presión

Colchones y cojines especializados para distribuir uniformemente la presión y reducir el riesgo.

  • Cuidado e inspección de la piel

La inspección regular de la integridad cutánea implica buscar activamente signos de enrojecimiento o irritación, así como aplicar cremas hidratantes para mantener la humectación adecuada de la piel. También incluye el cambio regular de pañales o sábanas para evitar la humedad cutánea, que es un factor de riesgo para el desarrollo de lesiones por presión.

El papel de la neurorehabilitación

La neurorehabilitación además de ayudar en la prevención de lesiones por presión permite a los familiares aprender estrategias de movilización segura. Por otro lado, el fortalecimiento muscular contribuye a la recuperación funcional y de la movilidad del paciente. La actividad física regular, por medio de la neurorehabilitación, también mejora la calidad de vida y propicia la autonomía funcional de los pacientes con condiciones neurológicas. 

Involucrar al equipo de neurorehabilitación en la prevención de lesiones por presión garantiza un enfoque integral, especialmente porque existen condiciones neurológicas donde hay menor sensibilidad cutánea y el paciente no es consciente del desarrollo de lesiones por presión.

Protocolo de cuidado de la piel

Como parte del plan de cuidados, es necesario seguir un protocolo que estructure las medidas de prevención. Puede incluir lo siguiente:

  • Limpieza adecuada de la piel con productos suaves y no irritantes.
  • Aplicación de cremas o lociones emolientes para mantener la piel hidratada y flexible.
  • Monitorización de la piel por medio de la evaluación del riesgo con la Escala de Braden y la inspección regular de la piel en busca de signos de lesiones por presión, particularmente en las áreas de prominencias óseas.
  • Registro detallado de la integridad cutánea y cualquier cambio observado (enrojecimiento, humedad, cambios de coloración y denudación de la piel).
  • Neurorehabilitación con estrategias de movilización y recuperación funcional.
  • Colaboración estrecha del paciente, cuidadores y el equipo multidisciplinario, para abordar cualquier preocupación o cambio en el estado del paciente.

La evaluación periódica de la piel puede reducir significativamente el riesgo de lesiones por presión, así evitaremos las complicaciones en la salud por la aparición y avance de este tipo de lesiones. En consecuencia, se mitiga el riesgo y se logra promover la salud, calidad de vida y confort de los pacientes. 

Por lo tanto, las intervenciones preventivas son fundamentales para el bienestar y calidad de vida de pacientes con movilidad reducida. La evaluación regular del riesgo por medio de la escala de Braden, así como la implementación de programas de neurorehabilitación y de protocolos de cuidado de la piel son componentes clave de estas intervenciones.

¿Cuáles son los riesgos de sufrir úlceras por presión?

Las úlceras por presión, también conocidas como escaras o llagas por decúbito, son lesiones en la piel y los tejidos subyacentes que se desarrollan principalmente en áreas del cuerpo donde los huesos están cerca de la piel. Estas úlceras son comunes en personas con movilidad limitada, como aquellas que están postradas en cama o en silla de ruedas durante períodos prolongados. Comprender los riesgos asociados con las úlceras por presión es esencial para su prevención y manejo. A continuación, se detallan los principales riesgos:

1. Inmovilidad Prolongada

Las personas que no pueden moverse por sí mismas son particularmente vulnerables a las úlceras por presión. Esto incluye a individuos postrados en cama debido a enfermedades graves, lesiones, cirugías o parálisis. La falta de movimiento continuo impide la circulación adecuada y provoca que la piel se comprima contra superficies duras, lo que eventualmente daña los tejidos.

2. Envejecimiento de la Piel

Con el envejecimiento, la piel se vuelve más delgada, menos elástica y más susceptible a daños. Los adultos mayores tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar úlceras por presión, especialmente si están inactivos o padecen condiciones médicas crónicas que afectan la circulación.

3. Pérdida de Sensibilidad

Las personas con afecciones neurológicas, como la esclerosis múltiple, lesiones medulares o neuropatía diabética, a menudo experimentan pérdida de sensibilidad en áreas específicas del cuerpo. Esta falta de sensación puede hacer que no se detecten las primeras señales de presión sostenida en la piel, permitiendo que las úlceras se desarrollen sin que el paciente se dé cuenta.

4. Malnutrición y Deshidratación

Una dieta inadecuada y la falta de líquidos pueden debilitar la piel y los tejidos, haciéndolos más vulnerables a la presión y las lesiones. La malnutrición también puede ralentizar el proceso de curación, aumentando el riesgo de complicaciones graves.

5. Incontinencia

La exposición continua de la piel a la humedad por incontinencia urinaria o fecal puede aumentar significativamente el riesgo de úlceras por presión. La humedad degrada la integridad de la piel, haciéndola más susceptible a las lesiones y la infección.

6. Condiciones Médicas Preexistentes

Las enfermedades que afectan la circulación, como la diabetes y las enfermedades vasculares, pueden disminuir el suministro de sangre a los tejidos, lo que aumenta el riesgo de formación de úlceras. Además, las afecciones que afectan la movilidad, como la artritis o la esclerosis múltiple, también pueden aumentar el riesgo.

Consecuencias de las Úlceras por Presión

Si no se tratan adecuadamente, las úlceras por presión pueden llevar a complicaciones graves, incluyendo infecciones profundas, como la celulitis, la osteomielitis (infección ósea) y la sepsis, una respuesta inflamatoria potencialmente mortal. En casos severos, estas úlceras pueden requerir intervenciones quirúrgicas extensas y pueden ser fatales.

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