¿Escala Norton o Braden para prevenir úlceras por presión?
Autor: Giovana Femat Roldán

La escala de Braden se considera más completa y sensible, sobre todo en contextos donde se necesita una evaluación más detallada del riesgo.
La escala de Norton fue la primera en realizarse. Es más simple y rápida, útil en contextos con menos recursos o donde se requiere una evaluación muy rápida.
Por lo cual dependiendo la situacion, es donde el clínico decidirá utiliza una u otra
¿Qué son las úlceras por presión?
Las úlceras por presión (UPP) constituyen úlceras que se desarrollan por presión de las prominencias óseas del paciente con una superficie, por inmovilidad. Existe un amplio grado de consenso entre las asociaciones científicas que consideran que la prevención constituye el método más eficiente de abordar el problema de las UPP. Habitualmente, se consideran cuatro grandes áreas en la aplicación de medidas de prevención:
1. Valoración del riesgo de desarrollar una UPP.
2. Cuidados de la piel.
3. Reducción de la presión: con medidas generales, mediante el uso de superficies especiales de manejo de la presión, y locales, mediante apósito y otros materiales específicos.
4. Educación.
Valoración de riesgo de úlceras por presión
La valoración del riesgo que tiene un paciente para desarrollar UPP es, por tanto, un aspecto clave en la prevención. Las guías de práctica clínica recomiendan realizar una valoración del riesgo en todas las personas en su primer contacto con el sistema sanitario, tanto en hospitales, en centros geriátricos o en pacientes atendidos en sus domicilios.
El objetivo de la valoración del riesgo es la identificación de los individuos que necesitan medidas de prevención y la identificación de los factores específicos que los ponen en situación de riesgo. Sin embargo, no existe un consenso claro entre los expertos y los profesionales sobre la mejor forma de realizar esta valoración del riesgo de UPP.
Algunas de las guías de práctica clínica más antiguas consideran como fundamental el juicio clínico de las enfermeras y sitúan el uso de escalas de valoración como un complemento; mientras, otras investigaciones recientes concluyen que varias de las escalas validadas pueden ser una alternativa mejor que el juicio clínico, sobre todo cuando se trata de enfermeras no expertas

Validación de un instrumento
La validación de un instrumento, en este caso una escala, permite demostrar que realmente está midiendo aquello para lo que se construyó. Por tanto, al haber definido una escala como un instrumento que permite identificar a los pacientes con riesgo de desarrollar UPP, es preciso validarlas, para poder determinar si realmente son eficaces o no para prevenir el desarrollo de estas lesiones.
Como norma general, se considera que una escala está validada cuando tiene dos o más trabajos que demuestran su eficacia. Además de los parámetros anteriormente indicados (sensibilidad, especificidad, valor predictivo positivo y negativo), algunos autores han descrito la necesidad de determinar otros factores para considerar realmente válida a una escala.
Escala de Norton
Como ya se ha mencionado, es la primera escala de evaluación de riesgo de úlceras por presión. Descrita en la literatura, y fue desarrollada en 1962 por Norton, McLaren y Exton-Smith en el curso de una investigación sobre pacientes geriátricos. A partir de esa fecha la Escala de Norton ha alcanzado una importante difusión en todo el mundo.
Esta escala considera cinco parámetros: estado mental, incontinencia, movilidad, actividad y estado físico y es una escala negativa, de forma que una menor puntuación indica mayor riesgo. En su formulación original, su puntuación de corte eran los 14, aunque posteriormente, en 1987, Norton propuso modificar el punto de corte situándose en 16.
Escala de Braden
La Escala de Braden fue desarrollada en 1985 en EE.UU., en el contexto de un proyecto de investigación en centros sociosanitarios, como intento de dar respuesta a algunas de las limitaciones de la Escala de Norton. Barbara Braden y Nancy Bergstrom desarrollaron su escala a través de un esquema conceptual en el que reseñaron, ordenaron y relacionaron los conocimientos existentes sobre UPP, lo que les permitió definir las bases de una evaluación de riesgo de úlceras por presión.
La Escala de Braden consta de seis subescalas: percepción sensorial, exposición de la piel a la humedad, actividad física, movilidad, nutrición, roce y peligro de lesiones cutáneas, con una definición exacta de lo que se debe interpretar en cada uno de los apartados de estos subíndices. Los tres primeros subíndices miden factores relacionados con la exposición a la presión intensa y prolongada, mientras que los otros tres están en relación con la tolerancia de los tejidos a la misma.
Riesgos de úlceras por presión en pacientes neurológicos.
Cuando una persona enfrenta un padecimiento neurológico —ya sea a causa de un accidente cerebrovascular, una lesión medular, una enfermedad neurodegenerativa o cualquier otro trastorno del sistema nervioso— su cuerpo y su capacidad de movimiento suelen verse comprometidos. En estos casos, el riesgo de desarrollar úlceras por presión aumenta de forma considerable, y es fundamental que tanto el paciente como su entorno estén informados sobre este tema para poder actuar a tiempo.
A continuación se presenta un análisis profundo y cálido sobre los principales riesgos de úlceras por presión en pacientes neurológicos:
1. Inmovilidad prolongada
Cuando una persona no puede moverse de forma voluntaria o sus movimientos son muy limitados, ciertas áreas del cuerpo (especialmente las prominencias óseas como sacro, talones, caderas y codos) soportan una presión constante contra la cama, silla de ruedas o superficie de apoyo. Esta presión impide la adecuada circulación sanguínea en esas zonas, lo que provoca la muerte progresiva del tejido.
2. Alteraciones en la sensibilidad
Los pacientes con lesiones medulares, neuropatías periféricas o ciertas enfermedades neurodegenerativas pueden perder la capacidad de sentir dolor, presión o incomodidad en distintas partes del cuerpo. Esta falta de sensibilidad (hipoestesia o anestesia) impide que la persona detecte a tiempo la necesidad de cambiar de posición o aliviar la presión sobre una zona concreta.
3. Espasticidad o rigidez muscular
Algunas enfermedades neurológicas producen espasticidad, una condición en la que los músculos están tensos o rígidos de forma permanente. Esta rigidez puede mantener al cuerpo en posturas anómalas, aumentando la presión en zonas no habituales y provocando fricción o cizallamiento (cuando la piel se desliza mientras los tejidos internos permanecen fijos).
4. Incontinencia urinaria o fecal
Los pacientes neurológicos a menudo presentan disfunción de esfínteres. La humedad constante por orina o heces irrita la piel, debilita su barrera natural y facilita la aparición de lesiones. La combinación de presión y humedad es un caldo de cultivo perfecto para la formación de úlceras e infecciones.
5. Desnutrición y deshidratación
Las personas con enfermedades neurológicas, sobre todo aquellas con dificultad para tragar (disfagia) o con bajo apetito, pueden sufrir desnutrición y deshidratación. Un cuerpo mal nutrido tiene una piel frágil, con menos capacidad de regeneración y menor resistencia a la presión. Además, la pérdida de masa muscular disminuye el acolchonamiento natural entre huesos y piel.
6. Edad avanzada y comorbilidades
No es raro que los pacientes neurológicos también sean adultos mayores o tengan enfermedades crónicas (como diabetes, enfermedades vasculares o insuficiencia renal). Estas condiciones deterioran aún más la circulación y la capacidad de cicatrización de los tejidos, aumentando el riesgo de lesiones graves.
7. Uso prolongado de dispositivos médicos
Catéteres, férulas, collarines cervicales, yesos o cualquier otro dispositivo médico pueden generar presión localizada si no se revisan y ajustan periódicamente. Estos puntos de presión poco evidentes pueden ser focos de úlceras ocultas.
Hablar de úlceras por presión en pacientes neurológicos es hablar de una batalla que se libra en silencio. Es un tema que recuerda a cada cuidador, familiar y personal de salud que prevenir es un acto de amor tanto como tratar. La piel es un mapa que cuenta la historia del cuerpo, y protegerla es también proteger la dignidad y calidad de vida de la persona
