Escala Braden en Neurorehabilitación
Autor: Giovana Femat Roldán

Cuando una persona vive con una condición neurológica que reduce su movilidad (por ejemplo, después de un evento vascular cerebral, lesión medular, parálisis, enfermedades neurodegenerativas o recuperación prolongada), existe un riesgo mayor de desarrollar lesiones por presión.
Estas lesiones también se conocen como úlceras por presión, escaras o llagas por presión, y aparecen cuando una zona de la piel permanece bajo presión constante durante mucho tiempo, especialmente sobre áreas donde el hueso está más cerca de la piel (como sacro, caderas, talones, tobillos o codos).
La buena noticia es que muchas lesiones por presión pueden prevenirse si se identifican a tiempo los factores de riesgo y se implementan medidas adecuadas, con apoyo médico y de un equipo de rehabilitación.
¿Qué es la Escala de Braden?
La Escala de Braden es una herramienta clínica que ayuda al personal de salud a estimar el riesgo de desarrollar lesiones por presión.
No “predice el futuro” con certeza, pero sí permite identificar qué factores están aumentando el riesgo, para actuar de forma preventiva.
Esta escala evalúa 6 áreas (subescalas). Cada una recibe un puntaje, y en general:
A menor puntaje total, mayor riesgo.
También es muy útil revisar en qué subescalas el paciente tiene más dificultades, porque eso guía mejor el plan de cuidados.
¿Qué evalúa la Escala de Braden?
1) Percepción sensorial
Valora si la persona siente molestias o dolor cuando hay presión en la piel y si puede responder (moverse o pedir ayuda).
Esto es importante porque algunas enfermedades neurológicas reducen la sensibilidad, y el paciente puede no notar que algo “está lastimando” su piel.
2) Humedad
Evalúa si la piel está expuesta con frecuencia a humedad por:
- sudoración
- incontinencia urinaria o fecal
- pañales
- sábanas húmedas
La piel húmeda se debilita y se lastima con más facilidad.
3) Actividad
Mide si la persona puede levantarse, caminar o al menos pasar tiempo fuera de la cama.
Menos actividad suele significar más presión constante en las mismas zonas.
4) Movilidad
Evalúa si el paciente puede cambiar de posición por sí mismo (aunque sea ligeramente).
No es lo mismo “estar acostado” que “poder moverse en la cama”.
5) Nutrición
Considera si la persona está comiendo lo suficiente y con buena calidad nutricional.
Una alimentación deficiente puede afectar la resistencia de la piel y retrasar la recuperación si aparece una lesión.
6) Fricción y cizallamiento
Evalúa el riesgo de que la piel se lastime por:
- “arrastrarse” al mover al paciente
- deslizarse hacia abajo en la cama o silla
- movimientos sin técnica adecuada
Este punto es clave porque aunque no exista herida visible al inicio, la piel puede dañarse desde adentro si hay cizallamiento.
¿Para qué sirve identificar el riesgo con la Escala de Braden?
El objetivo no es solo “poner un número”, sino activar un plan preventivo real, por ejemplo:
- cambios posturales más frecuentes
- fisioterapia/neurorehabilitación segura
- colchones o cojines especiales
- cuidado de piel más estricto
- mejora del manejo de humedad e higiene
- intervención nutricional si se necesita
Las guías internacionales recomiendan combinar escalas con evaluación clínica completa, ya que ningún instrumento sustituye el criterio médico o de enfermería.

Prevención de lesiones por presión: enfoque seguro y basado en práctica clínica
Cuando un paciente tiene riesgo elevado, el equipo de salud puede sugerir medidas como las siguientes (siempre personalizadas al caso):
1) Movilización y neurorehabilitación (cuando es posible)
La neurorehabilitación puede ser una pieza fundamental porque busca mejorar:
- movilidad
- fuerza
- tolerancia a estar sentado o de pie
- cambios posturales seguros
- independencia funcional (según el estado del paciente)
Además, enseña a cuidadores y familia técnicas de movilización sin lastimar la piel.
Un plan de rehabilitación siempre debe adaptarse a la condición neurológica, dolor, fatiga y nivel de conciencia del paciente.
2) Cambios posturales y redistribución de presión
Una de las estrategias más importantes es evitar que la presión se mantenga en el mismo sitio durante demasiado tiempo.
Esto puede incluir:
- cambios de posición programados
- ajustes al estar en silla de ruedas
- evitar que el paciente se “resbale” en cama o silla
- cuidado especial en talones, sacro y caderas
La frecuencia ideal depende de cada paciente, por eso se define mejor con valoración clínica individual.
3) Superficies de apoyo (colchones y cojines)
En pacientes con riesgo alto, el equipo médico puede indicar:
- colchones especiales de redistribución de presión
- cojines antiescaras para silla de ruedas
- protectores de talón o soportes específicos
Estos dispositivos no sustituyen los cambios posturales, pero sí ayudan a reducir el riesgo.
4) Inspección de la piel (lo que sí se busca en casa)
Revisar la piel de forma regular ayuda a detectar problemas antes de que se conviertan en una herida.
Se recomienda observar:
- enrojecimiento que no desaparece
- cambios de coloración (piel más oscura, morada o pálida)
- áreas calientes o más duras
- ampollas o pérdida de piel
- dolor localizado (si el paciente puede expresarlo)
Si la persona tiene poca sensibilidad, pueden aparecer lesiones importantes sin dolor.
5) Control de la humedad e higiene
Medidas frecuentes y seguras:
- mantener la piel limpia y seca
- cambiar pañal o ropa húmeda lo antes posible
- usar productos suaves (no irritantes)
- evitar fricción al secar (mejor con toques suaves)
- usar crema hidratante si el médico/enfermería lo sugiere
6) Nutrición e hidratación
Cuando hay riesgo de lesiones por presión, suele ser útil valorar:
- pérdida de peso involuntaria
- bajo apetito
- problemas para tragar (muy común en condiciones neurológicas)
- signos de deshidratación
En algunos casos se requiere apoyo de nutrición clínica y evaluación de deglución (por ejemplo, con fonoaudiología/terapia de lenguaje).
¿Cómo es el proceso clínico real para evaluar y prevenir úlceras por presión?
En un abordaje profesional, el equipo de salud no se limita a observar la piel: realiza una valoración integral.
- Paso 1: Historia clínica y factores de riesgo
Se revisa movilidad, sensibilidad, enfermedades asociadas (diabetes, problemas vasculares), continencia, estado nutricional y nivel de conciencia.
- Paso 2: Exploración física de la piel
Se inspeccionan zonas de presión y se identifican signos tempranos.
- Paso 3: Aplicación de Escala de Braden (u otra escala)
Ayuda a categorizar el riesgo y enfocar intervenciones.
- Paso 4: Plan preventivo personalizado
Incluye movilización segura, superficies de apoyo, cuidado de piel, control de humedad y rehabilitación.
- Paso 5: Seguimiento y ajustes
El riesgo cambia con el tiempo (por fiebre, infección, cirugía, cambios de nutrición o inmovilidad), por eso se reevalúa periódicamente.
Este enfoque coincide con recomendaciones de guías clínicas internacionales y organismos especializados en lesiones por presión.
Señales de alarma: ¿cuándo acudir a valoración urgente?
Busca atención médica lo antes posible si aparece cualquiera de estas señales:
- Herida abierta, ampolla o piel “levantada”
- Enrojecimiento que no mejora al cambiar de posición
- Zona morada/negra, o cambio marcado de color en piel (especialmente en piel oscura)
- Mal olor, pus o secreción
- Fiebre, escalofríos o deterioro general sin causa clara
- Dolor intenso, aumento de sensibilidad o zona caliente e inflamada
- Sangrado, piel muy frágil o rápida progresión de la lesión
Estas lesiones pueden complicarse con infecciones profundas y requerir tratamiento especializado.
Consecuencias de no tratar una úlcera por presión a tiempo
Cuando una lesión por presión avanza, puede afectar capas profundas del tejido y provocar complicaciones como:
- infección de piel (celulitis)
- infección más profunda en tejidos
- infección ósea (osteomielitis)
- dolor persistente y deterioro funcional
- hospitalizaciones prolongadas
- en casos severos, infecciones graves generalizadas
Por eso, la prevención y la detección temprana son fundamentales.

¿Cuáles son los principales factores de riesgo de úlceras por presión?
Los más frecuentes incluyen:
- inmovilidad prolongada
- pérdida de sensibilidad por daño neurológico
- humedad constante (incontinencia, sudoración)
- desnutrición o deshidratación
- edad avanzada (piel más frágil)
- diabetes o problemas circulatorios
- fricción y arrastre al movilizar
El riesgo real no suele depender de un solo factor, sino de la combinación de varios.
¿Cuándo acudir con un especialista?
Te recomendamos agendar una valoración con un especialista o equipo clínico si:
- el paciente tiene movilidad reducida por enfermedad neurológica
- permanece muchas horas en cama o silla de ruedas
- ya tuvo una úlcera por presión anteriormente
- hay enrojecimiento persistente o cambios de coloración
- el cuidador tiene dudas sobre cómo movilizar sin lastimar
- hay incontinencia frecuente o humedad difícil de controlar
- se observa pérdida de peso o problemas para comer/deglutir
- el paciente está hospitalizado o recién egresó y requiere seguimiento
Un equipo de medicina de rehabilitación / neurorehabilitación, enfermería especializada y médicos tratantes puede guiar un plan preventivo realista y seguro.
Advertencia médica
Este artículo tiene fines informativos y educativos. No sustituye una consulta médica ni la valoración de un profesional de la salud.Si tú o un familiar tienen riesgo de lesiones por presión o ya presentan enrojecimiento, dolor o heridas en la piel, lo más recomendable es acudir a valoración médica cuanto antes para recibir un plan de prevención o tratamiento personalizado.
Fuentes confiables sugeridas
EPUAP/NPIAP/PPPIA (Guía internacional 2019): Prevention and Treatment of Pressure Ulcers/Injuries: Clinical Practice Guideline
EPUAP – Pressure Ulcer Guidelines (descargas y referencia rápida):
NPIAP – Recursos y guías sobre lesiones por presión:
NICE Guideline CG179 – Pressure ulcers: prevention and management